Potencia de 10

Recuerdo las palabras del Dr. Franklin Chang, sobre el momento sublime que significó para él, escuchar la  “Pastoral” de Beethoven, mientras miraba por la ventanilla del transbordador, justo cuando salía el sol en el Pacífico sur (junio del 2008).  De la misma forma, recuerdo la presentación magistral del Dr. Samuel Stupp, sobre Avances en la Regeneración del Cuerpo Humano, en el primer evento TEDX Pura Vida, en marzo del 2010.

 

Ambos son, en palabras de García Márquez, “honorables ciudadanos de la inteligencia”, ambos connotados científicos de origen costarricense.  Hoy,  el Dr. Chang, permite a jóvenes talentos en ciencia e ingeniería, trabajar en su viaje a las estrellas, desde la sede en Liberia, tejiendo sueños y construyendo realidades que les permitirán viajar al espacio y poder mirar nuestros jardines, a distancias de cientos de miles de kilómetros (10 elevado a la 9).  

 

Con el mismo ahínco, debe el país lograr que el Dr. Stupp,  establezca una sede en Costa Rica, para que nuestros jóvenes científicos puedan investigar y experimentar en nano y biotecnología y avanzar en el desarrollo de nuevas terapias y protocolos en ciencias de la salud, contribuyendo a que nuestra mayor esperanza de vida, vaya aparejada de más calidad de vida.  Además, nuestros  jóvenes científicos, estarán observando nuestros jardines desde el microcosmos, a distancias aproximadas de nanometros (10 elevado a la -9).  

 

Impulsar estas iniciativas y que sean muchos más, los jóvenes con posibilidades de acceder a laboratorios, centros de investigación especializados y educación científica superior, debe tener un espacio privilegiado, en la agenda de nuestros gobernantes.

 

Se puede hacer, a través de la creación de la Agencia Nacional Científico Tecnológica que bajo la rectoría del MICITT, con presupuesto suficiente y planes quinquenales, coexista como parte de un clúster en un Parque Tecnológico Empresarial, donde el conocimiento fluya más fácilmente entre los diferentes entes que lo componen y se facilite con apoyo interinstitucional, la llegada de talentos para investigación y desarrollo desde otros países, quienes a no dudarlo vendrán, atraídos por directores de orquesta de ese calibre y por la bondad de nuestra tierra, porque éste es un lugar especial, en donde a la gente le gusta estar.  

 

Se puede hacer, lo han demostrado ya, estos buenos costarricenses, uno llevándonos hacia el macrocosmos y el otro, hacia el microcosmos.  Las ideas están, al igual que investigadores, científicos y emprendedores, de gran calidad.

 

Tenemos la oportunidad de consolidar nuestro futuro apalancados en ciencia, tecnología e innovación y esto no pasa, por resolver problemas matemáticos de potencias de base 10, no es un asunto de escala, porque desde muy lejos, o extremadamente cerca, las cosas terminan mirándose igual.  Lo nuestro es un asunto de voluntad, de planificar adecuadamente nuestras acciones y de actuar en forma decidida como nación. 

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La industria de las ideas

La riqueza de la nación yace en las ideas y son éstas las que representan una garantía de progreso para el país.  En tiempos de sostenibilidad del medio ambiente y de iniciativas carbono neutral, qué estamos haciendo para llegar en una década a consolidar nuestra “Industria de las ideas”?  Porque lo nuestro como país, no pasa por cantidad, sino por calidad; o sea, por la diferencia que podemos lograr, si abrazamos la calidad como factor crítico de éxito.

Lo viene haciendo desde hace dos lustros, el sector de Tecnologías de Información, pero hace falta mucha inversión, en laboratorios de robótica y mecatrónica, para los programas de la Fundación Omar Dengo, en ciencias de la salud que requiere, se reactiven en forma decisiva los protocolos de investigación, en programas de incentivos y facilidades migratorias para la repatriación y atracción de talentos que fortalezcan programas de investigación y desarrollo.

Hoy, el mundo se disputa agresivamente los mejores cerebros y si queremos posicionarnos como competidores y no meros observadores, debemos actuar con la misma convicción que mostramos, por ejemplo, en la estrategia de apertura e integración de nuestra economía.  La generación digital hace su apuesta de futuro, a la educación, la ciencia y la tecnología.

Nuestra tesis es que no es producción industrial masiva, ni sobreexplotación de recursos naturales, lo que hará sostenible el nivel de crecimiento económico que requerimos, en esos casos porque la escala de los factores no nos favorece y esto es importante, por cuanto, el tamaño de nuestra población  y  extensión territorial, no son una desventaja para la “industria de las ideas” esa que se incuba en los colegios científicos y que requiere pasar a la acción a partir de una decisión política que defina como estratégicas las áreas de ciencia, tecnología e innovación y lleve la inversión en esas áreas por encima del umbral del 1% del PIB.

Se ha diagnosticado y documentado lo suficiente, para dar paso a la acción, asignar presupuesto, crear una zona especial que opere con indicadores de eficiencia, dirigida por una Agencia Nacional con grado de independencia, para la experimentación y la innovación que rompa el modelo de “maquilas de servicios” y convoque a nuestros jóvenes técnicos e ingenieros a pensar, investigar y desarrollar, aperturando la investigación que yace circunscrita al ámbito de las universidades públicas e integrando al visionario y al emprendedor, tantos buenos que tenemos.

El entusiasmo está ahí.  Son estos, pasos seguros que podemos dar, sin sometimiento al tamiz del congreso y con resultados concretos que iniciando por brindar solución a asuntos cotidianos de la población, recibirán el impulso definitivo, para cimentar una estrategia de largo plazo y consolidar a nuestro país como una economía innovadora, de gente creativa, una economía basada en el conocimiento.