¿Por qué la felicidad?

¿Por qué la insistencia en ver el vaso medio vacío y poner al país al borde del abismo, donde francamente no estamos? Ya va siendo hora de parar esa forma un tanto perversa de generar zozobra en el ánimo de la gente, los retos que como nación tenemos por delante en diferentes campos, los podemos atender con éxito, pero con bríos y la confianza que una actitud positiva, es capaz de generar.

Con tanta gente parada en la escoba y que reniega de mirarse en el espejo de nuestra vecindad latinoamericana, es dura la tarea de lograr ese urgente cambio en la forma de conducirnos. Lo vemos en los jóvenes, hijos de su propia libertad, a quienes la idea de experimentar o simplemente de remar contracorriente, les hace desdeñar sus responsabilidades con el país. Cambien de actitud y sean jóvenes “SI-SI”, si al estudio y al trabajo, es mucho más lo que pueden dar.

Los que le llevan el pulso a la vida y con la luz del alba salen a caminar, a correr mirando hacia el Este, saben de esa actitud. Al igual que aquellos que alejándose del tabaco, eliminan de sus diccionarios palabras como asma y neumonía, ganando felicidad.

Así lo establecen las conclusiones de estudios recientes de la Universidad de Birmingham, publicados en la revista médica British Medical Journal (BMJ), sobre personas que han dejado ese hábito: “Aquellos que lograron dejar de fumar estaban menos deprimidos, mucho menos ansiosos, menos estresados y mostraban una visión más positiva de la vida que quienes no habían logrado este objetivo. Esta mejora pudo percibirse inclusive entre personas afectadas por trastornos mentales desde el momento en que dejaron de fumar”.

Diferentes en nuestros gustos y preferencias, así somos, pero intolerancia por qué? Rociémonos de color, aceleremos el paso, ocupémonos en ganar más adeptos a la felicidad; día a día, forjando nuestro presente, compartiendo generosamente con los demás, hasta vaciar nuestras manos.

De cuando en vez, el destino nos llama como colectivo, para asumir ciertas causas, por estos días es así. Aunque se siguen oyendo voces en la radio, en prensa escrita, en pasillos y salas de los hogares, saturando de crítica, todo lo que sucede a nuestro alrededor, va siendo hora de movernos en el dial, sacudirnos la modorra y con voluntad, bondad y coraje, retarnos a nosotros mismos. Bajemos la tensión, abramos los espacios y trabajemos por la felicidad.

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