El juego político y el privilegiado oficio de escritor

Hay que insistir en escribir, contar historias, compartir vivencias, cuidando la forma, dándole color a la letra, procurando influir para que el lector se quede con algo después del punto final, aunque solo sea una sonrisa, aunque solo sea un soplo de brisa

Hay que insistir en escribir, contar historias, compartir vivencias, cuidando la forma, dándole color a la letra, procurando influir para que el lector se quede con algo después del punto final, aunque solo sea una sonrisa, aunque solo sea un soplo de brisa

Recuerdo a la conductora de CNN, segundos antes de la apertura de la bolsa de New York, en una ya lejana sesión del 2007, en la que sufrió una histórica caída, es la misma imagen que se observa en la montaña rusa de la Rock ‘n’ Roller Coaster en Orlando, FLA., justo antes de que arranque la atracción, acelerando hasta 60 millas/hora en 2,8 segundos, en ambos casos, escuchamos la siguiente frase: “Amárrense los cinturones”.

Hoy, podemos aplicarla para nuestro escenario político que se mueve en un camino de curvas, subidas y bajadas de infarto, incrementando la frecuencia cardiaca, con dramatismo y una dosis de comicidad, porque uno tras otro, van sucediéndose hechos que desnudan posiciones, resquebrajan convicciones y falsean andamiajes de partidos políticos, funcionarios públicos y personajes que terminan pareciendo actores de reparto de una ópera bufa.

El tiempo para bastantear el terreno, avanzar algunos peones y afinar la estrategia, dirigida a consolidar una posición sólida en el centro del campo, pareciera que ya se terminó, el pueblo observa, ríe por algunas ocurrencias y se preocupa por otras tantas acciones y tendencias, llegando a un punto en el que se estará preguntando: ¿Cuál es el nombre del juego?

Y ante éste panorama, se abre el abanico de posibles respuestas, sobre lo que puede ser el accionar futuro de la gente.  ¿Continuará mirando el vaivén político sin prestarle mayor atención, dada la urgencia de cuidar el puesto de trabajo o la estabilidad de su negocio, actuará con mucha mayor apatía, agobiando a la clase política en los procesos electorales por venir, o terminará provocando algún hecho inesperado, cual teoría de los eventos del cisne negro?

Por lo pronto, como observador de nuestra realidad, me motiva la oportunidad y el deseo de escribir, privilegiando el “modo activo” del vivir y de actuar en consecuencia, reconociendo y admirando a quienes dignos de todo crédito, tienen el privilegiado oficio de escritores, labor titánica hoy en día, cuando por ejemplo, la Generación Y, los llamados millennials ya no quieren leer ni un texto de cuatro párrafos.  Pero hay que insistir en escribir, contar historias, compartir vivencias, cuidando la forma, dándole color a la letra, procurando influir para que el lector se quede con algo después del punto final, aunque solo sea una sonrisa, aunque solo sea un soplo de brisa.

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Divertimento filarmónico

Concierto en el Teatro Popular Melico Salazar

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Costa Rica en el Teatro Popular Melico Salazar.

Titulado así, porque su principal objetivo es “hacer más feliz a la gente por medio de la música”.  Son noches de gran alegría cuando el maestro Marvin Araya, toma la batuta y libera el alma de un virtuoso grupo de exponentes del mejor talento musical costarricense, nuestra Orquesta Filarmónica.

Músicos clásicos, interpretando música popular de los más variados estilos, la gente lo celebra, lo canta, lo baila y lo aplaude en todos los rincones del Teatro Melico Salazar, la Casa del Divertimento Popular.  El reloj de arena discurre mucho más rápido de lo que nuestro momento de magia quisiera y si bien el repertorio siempre es generoso, la orquesta acoplada y el director de pasión contagiosa, queda la sensación de que hace falta un tercer segmento que termine de borrar cualquier residuo de desánimo o tristeza.

¡Que contentera!  Allá van los “filarmónicos”, solos, en grupo, o en familia reuniendo dos y hasta tres generaciones, todos detrás del flautín mágico de Marvin, haciendo comunidad en el teatro, juntos, cientos de personas que comparten un mismo objetivo ¡Pasarla bien! cuidando las formas del libreto protocolario, pero rompiendo las reglas, con el uso del smartphone para grabar y transmitir en línea y exigiendo al máximo sus cuerdas vocales que en la mayoría de los casos, terminan perdiendo la batalla al final del concierto, incluso en aquellos que por no ser buenos representantes del bel canto, terminan cantando para adentro, como dice el maestro Araya.

Es cierto que el día a día pasa saturado de ruido, de carreras que aceleran la actividad de aquel músculo que anida al lado izquierdo del pecho y que también nos deja la mente sin espacios en la agenda, por el agobio de sobresaltos noticiosos que nos vienen del vaivén político, el apremio de la situación económica y la necesidad de mayor seguridad en nuestras barriadas, por eso y para eso, recomiendo incorporar el “divertimento filarmónico” en nuestro calendario, basta con revisar el programa anual de conciertos, calendarizar algunas fechas y acercarse al teatro que el espectáculo está garantizado.

Servir en lo público, honor o descrédito

Por estos días, un dirigente político señalaba que “nunca antes el país ha tenido tanta gente, tan bien preparada como ahora”, por otra parte, un conocido analista, dice que en Costa Rica ha bajado mucho el nivel de la clase política, haciendo extensivo el calificativo a funcionarios  de rango mayor que sirven en lo público.  Entonces, si tenemos más gente preparada y el país está ayuno de ese talento dirigencial ¿Por qué se rehuye dar el paso a la función pública?

A primera vista, podemos decir que el honor que tiempo atrás representaba servir en lo público, ha venido perdiendo la batalla contra el descrédito que enfrenta el funcionario, por las decisiones que toma o por las cosas que deja de hacer, resultando de ello, su exposición en forma abierta y sin escudo de protección ante el “tribunal de la opinión pública”, particularmente frente al que ha sido común llamar, “el cuarto poder de la República”. Observamos a profesionales venidos de la academia, o del sector empresarial, reconocidos y respetados que de pronto se ven acorralados y sometidos a una gran afectación en su ámbito personal y familiar que no pocas veces, termina en un escarnio grosero que abre un surco profundo en el “record” del afectado.   Debemos cambiar esta situación.

En Costa Rica, por ejemplo, podemos constatar excelencia de servicio público en el Benemérito Cuerpo de Bomberos y mejoras sustantivas durante la última década, en la gestión de la banca pública, entonces: ¡Si se puede!  Hay que darle confianza a la gente, para que sirva en lo público, aporte sus ideas y participe innovando, porque nuestro país requiere ese talento en forma generosa, necesitamos que se decidan a participar aquellos a quienes García Márquez llamó alguna vez “ciudadanos de la inteligencia” para encarar los desafíos que nos impone el agravamiento de nuestra estabilidad económica, el ensanchamiento de la brecha social y la necesidad de apuntalar el norte del modelo de desarrollo, de una economía de servicios que se consolida en forma inexorable.

Resulta cansina la reiterada negativa del funcionario a ejecutar, escudándose en la “necesidad” de hacer otro análisis o estudio de factibilidad, cuando lo que el país requiere con urgencia, es pasar al “modo hacer”.  El cuento de que todo lo resolvemos “a la tica” nos sigue retrasando mucho más de la cuenta, debemos resolver “a la finlandesa” en materia de educación, “a la panameña” en el campo de infraestructura y “a la israelí” en cuanto a la generación de ideas novedosas y cómo ponerlas a funcionar.  Cuidemos que el “desfilar por media calle” siga siendo una digna postal de la Heredia de antaño y no una realidad que se impone por la inconformidad y desesperanza del pueblo