Esperando el tren de la luz

Cuando subas al tren de la luz, mira por la ventana el reflejo de tu rostro y si palpita con gran fuerza tu corazón es buena señal, significa que estás por llegar, anda, ve y llénate de vida nueva, se feliz, empieza a disfrutar

Cuando subas al tren de la luz, mira por la ventana el reflejo de tu rostro y si palpita con gran fuerza tu corazón es buena señal, significa que vas a llegar.  Anda, ve y llénate de vida nueva, se feliz, empieza a disfrutar!

De pronto, te ves de pie en el andén, esperando para abordar, pero ten presente que no da igual subirse en cualquier tren.  ¿Cómo hacerle para decidir cuál es el que nos lleva a puerto seguro?  En cuál de ellos, encontraremos la alegría para vivir libres de preocupaciones innecesarias?

Debes mantenerte atento para que puedas escuchar la voz del conductor, ya verás que el deseo inmenso de llegar y el palpitar sincero de tu corazón, serán suficientes para que sin siquiera leer la pantalla, puedas decidir el momento justo de abordar.

Al subir, repasa con cuidado el lugar y si no ves brillar los ojos de los que abordo van, si no ves un rayo de luz de sus corazones brotar, bájate de prisa porque ese no es tu tren.  No desesperes, espera tranquilo en la estación, pero atento, no vaya a ser que por un descuido tuyo, no escuches a tiempo la dulce voz del conductor y pase de largo frente a ti.

En tu mochila, carga solo tu traje blanco, es todo lo que vas a necesitar.  Cuando al fin subas al tren de la luz, mira por la ventana el reflejo de tu rostro y si palpita con gran fuerza tu corazón es buena señal, significa que estás por llegar, anda, ve y llénate de vida nueva, se feliz, empieza a disfrutar.

Los chicos de la Escuela Católica de Artes “Renovarte” si que saben como llegar y lo expresan en forma maravillosa a través de la danza, el mimo, la actuación, agradando a Dios, viviendo a Dios, sirviendo a Dios.  Ellos encontraron la clave, para darle sentido a sus vidas y contagiar a los más pequeños quienes ya integrados en esta escuela de artes, siguen con frenesí los movimientos de sus instructores, claros de que no es un juego o un carnaval, sino la forma más pura y sincera en que pueden manifestar su espiritualidad.

¿Conocés a jóvenes que caminen con la cabeza baja, que tengan dificultades para sonreir, luciendo abatidos, sin ánimo para competir? Pues a trabajar… llévales este mensaje, diles que no tiene por qué ser así, ayúdales a preparar su equipaje, bien sabes lo único que van a necesitar y ve con ellos a la estación que esperando el tren de la luz, empezarán de nuevo a vivir.

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