¿Pero qué necesidad de tanto problema?

Recordando el estribillo, de una conocida canción del Divo de Juárez que dice: ” …pero que necesidad, para que tanto problema…”, me remonto a las ideas fuerza que renacen en cada campaña electoral, entre las que no falta “acabar con la tramitomanía” o en otras palabras, hacer las cosas más sencillas, más rápidas y apoyándose en mayor medida en la tecnología para que la mayor parte de las “vueltas” se hagan por Internet.

¿Pero qué necesidad de tanta traba?  Hoy sigue siendo una odisea realizar trámites en forma expedita para los ciudadanos en sus asuntos de orden personal como para los empresarios que a coro claman por la simplificación de trámites ante instituciones públicas, cuando buscan transformar sus ideas en productos o acciones concretas de negocios, o bien, cuando sus requerimientos de capital (Especialmente en las PYMES) suben un peldaño y requieren de apoyo financiero para ir tras el objetivo del crecimiento en su volumen de operaciones.

¿Pero qué necesidad de insistir en hacerse daño? Basta con mirar actitudes o simplemente leer en perfiles, para concluir en cuánto de amar y perdonar hace falta en la voluntad de cada vez más personas que se niegan a sí mismas, la oportunidad de pausar su respiración y sonreir a plenitud sin rescoldo alguno de resentimientos, convenciéndose de que no solo se puede, sino de que resulta realmente sencillo voltear la página y dejar que entre de nuevo la luz y no quedarse hecho un puño en la oscuridad que lacera, enferma y mata.

¿Para qué tanto problema, jóvenes? Ya casi no hay comunidad o poblado en nuestro país, que no sea testigo de la forma desenfrenada en que se van pintando de escarlata sus caños y aceras, por la sangre de jóvenes que han apostado sus vidas a la delincuencia, inmersos en un juego de ruleta que tiene un revólver con el cañón cargado, esperando al final del último giro.

Hemos sido siempre una nación de gente feliz, donde no nos cuesta nada compartir.  Así como un tico le regala a un compatriota, una enorme sonrisa cuándo se lo topa en otro país; así debe ser aquí en casa.  Ya está bueno de tanto escollo, de tanta queja, de sobresaltos, de violencia, volvamos a levantar nuestro estándar de felicidad, trabajemos por nuestro bienestar, como dice la canción “…no hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas”.

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